Habitualmente cuándo se entra en hipnosis se hace primero por medio de una relajación, esta relajación suele ser física y desde ahí una relajación mental, que es el punto previo al estado de trance propiamente dicho.

En este estado de trance, se activan zonas del cerebro que tienen que ver con el córtex cingulado anterior (la emoción) y zonas motoras y disminuye la actividad las zonas del córtex prefrontal (la razón y los filtros del «no puedo», «no lo voy a conseguir» «eso ya lo he probado antes y no funciona»), dando acceso de esta forma a las capacidades inconscientes.

Es decir, en el trance hipnótico, se activan zonas que tienen que ver con experiencias y emociones, de modo que, mientras que la persona sabe que está en el sillón de la consulta del hipnoterapeuta o en casa mientras que escucha la autohipnosis, su mente está haciendo asociaciones emocionales y viviendo situaciones como experiencias reales.

Las experiencias que se pueden proporcionar en hipnosis, pueden ser muy diferentes y dependen del problema a tratar, pueden ser escenarios «generales» como andar por una montaña o una playa para calmar el estrés y la ansiedad o el dolor, o «convertirlo» en una nube o volando en un avión de una forma segura en el caso de una fobia a volar… y que activan zonas motoras y experienciales.

De modo que en hipnosis se activan zonas del cerebro que tienen que ver con emociones y experiencias reales, esto se ha podido demostrar por medio de estudios de neuroimagen o M.R.I.

Esta es una de las grandes ventajas de la hipnosis como herramienta terapéutica.

 

Ilustración de un cerebro destacando las áreas activadas durante la hipnosis: córtex prefrontal, sistema límbico y amígdala. Representa alivio de estrés, ansiedad, dolor y mejora del sueño.

Por otro lado, durante la hipnosis, el cerebro entra en un estado de profunda concentración y relajación, activando o inhibiendo áreas clave relacionadas con la regulación emocional y la percepción del dolor.

El córtex prefrontal, responsable del pensamiento crítico y la toma de decisiones, experimenta una disminución en su actividad, facilitando un estado más receptivo y abierto al cambio.

El sistema límbico, centro emocional del cerebro, se ve influenciado por la hipnosis, reduciendo la respuesta al estrés y promoviendo sensaciones de calma.

La amígdala, que es la principal reguladora de las emociones, como el miedo y la ansiedad, disminuye su actividad bajo hipnosis, contribuyendo a un estado de relajación profunda y control emocional.

La hipnosis produce estos estados cerebrales que facilitan el aliviar estrés, ansiedad, dolor y mejorar la calidad del sueño, siendo una herramienta poderosa para el bienestar mental y físico, ayudando también, desde el inconsciente, a la resolución de problemas o situaciones específicas complicadas.

Libérate gracias a la hipnosis.

Mujer celebrando en un prado relajante haber calmado la ansiedad el estrés y el dolor con hipnosis.